El dispositivo digital Kissinger da una opción versátil —e innovadora— para besar a distancia y respetar, al mismo tiempo, las medidas sanitarias implementadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), Gobiernos y otras entidades sanitarias internacionales en vista de la rápida propagación del reciente coronavirus.

Inició en 2003 como un prototipo de una cabeza con labios falsos, pero con el paso de los años llegó a ser más compacto y práctico hasta llegar al diseño que se ha mantenido desde 2015: dos pilastras donde se conecta el teléfono y, a través de unos sensores, se puede transmitir las sensaciones de movimiento de un beso real.

“En la parte superior del prototipo del Kissenger se coloca un iPhone que se conecta por la entrada inferior del aparato (si se hace realidad seguramente se actualice este aspecto) y el sistema se empareja con una app de mensajería que muestra la imagen de la otra persona a la vez que transmite los movimientos en la zona de goma”, indicó el medio Okdiario. El prototipo no tiene una abertura de “lengua”, de manera que sirve para besos en los labios o en la mejilla y no para besos más apasionados.

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